Los besos son en los adultos, lo que para los bebés ser amamantados, hay quienes dicen que de haber sido o no amantados de niños, surgen nuestras primeras necesidades y adicciones La boca es nuestro primer deseo, el primer contacto con el afecto. Cuando se da el pecho, muchos canales de comunicación se abren. Porque alimentar a tu bebé no es solamente darle la cantidad de alimento que el organismo necesita para vivir, es una experiencia que brinda algo más que la satisfacción del hambre, la licenciada Luciana Becchi Psicopedagoga lo describe perfectamente: Amamatar;

Es una experiencia emocional, por la sensación de unidad e intimidad.

Es una experiencia psicológica, porque muchos miedos se rinden ante el placer.
Es una experiencia visual.
Es una experiencia táctil, por la temperatura de la piel y el líquido, la succión, la cercanía de los cuerpos, las caricias que acompañan este momento.
Es una experiencia gustativa.
Es una experiencia olfativa.
Es una experiencia auditiva, cuando le hablas.

Y si no estuviese hablándoles de dar de mamar a un bebé, bien podríamos describir los besos, como una experiencia similar. Recuerdo que el pediatra de mi hijo, me fue guiando hacia la maduración del bebé de forma metódica. Por ejemplo me decía que cerca de cumplir el año, el niño debería superar la etapa bucal, de modo que no solo se trataba de destetarlo, sino que a partir de esa cortísima edad, ya no debía succionar, había que darle el alimento en vaso, de allí un año más y llegaba la hora de superar la etapa anal, control de esfínteres, y así sucesivamente.Todo esto con el objetivo de ayudarlo a madurar sus etapas y contribuir a su desarrollo emocional y psicológico, con seguridad en si mismo y sin adicciones. Y les digo ha dado resultados, ese hijo mío es un sol, maduro y feliz, un maestro para mi, gracias a Dios.

Yo me pregunto que tanto nos ha afectado a nosotros, la forma como nos criaron; los que, como a mí, por ejemplo, no pudieron darle pecho, mi mami no pudo porque enfermó en el parto y de casualidad no lo contamos ninguna de las dos, o los que como mis primos, que me sorprendía ver, como los cinco, los pequeños y los grandes a las cinco de la tarde iban al refrigerador a buscar sus teteros cada uno. Me pregunto, ¿será por no haber sido amamantada que me gusta tanto besar? ¿O que tanto afecta en el comportamiento adictivo, el que un niño, a los cinco años todavía tome tetero, o no quiera dejar el chupón o niños de dos años, que lloran de noche, porque no pueden dormir sin que le den la teta? El asunto es que independientemente de cómo nos hayan criado, o la suerte que nos haya tocado en nuestras experiencias infantiles, es a nosotros, al llegar a adultos, a quienes nos toca bregar con eso.

Si identificáramos nuestras necesidades, no necesariamente adicciones en el sentido patológico, sino esas pequeñas necesidades, o grandes anhelos, cuando nos quedamos pegadas a la creencia de que esa relación que no funciona, o que no funcionó, o peor aún que se terminó hace años y que aún añoramos porque sientes que es el hombre de tu vida, e identificáramos esa incapacidad para superar o dejar de anhelar esas relaciones que no sirven, porque lo que queremos es el contacto, el beso, la empiernaíta, el calorcito, todo lo que describe tan bien la licenciada que habla de la lactancia, entenderíamos que terminamos convirtiendo las relaciones en adicciones, tan perjudiciales, como el café, el cigarrillo, el alcohol, las drogas o las comidas y que por eso las rupturas hacen que engordemos, que bebamos, que tomemos pastillas para dormir o cosas peores.

¿Qué tal, si entendemos que tenemos miedo? Y probablemente esos miedos están relacionados, con susticos infantiles, con ausencias… Y que quien necesita cariñitos es nuestra parte más básica, esa que quiere cuidados y amor. La psicopedagoga dice en el segundo ítem que dar de mamar al bebé, es para él, una experiencia psicológica, porque muchos miedos se rinden ante el placer. Y es por eso que muchos de los miedos al terminar una relación los sustituimos por placeres como beber, comer y fumar, todos relacionados con la boca y las ganas de besar.

Cantidad de canciones se han escrito al respecto desde el famoso pasodoble que le escuchamos a la Billos Caracas boys, la canción de Rosario; por un beso tuyo y hasta la de Juan Luis Guerra; Cuando te beso, con esa imagen gloriosa: … cuando te beso, ¡un premio Nobel le regalas a mi boca! No hay sustituto para los besos, la cantidad de oxitocina que se libera con un buen beso, no la sustituye ninguna sustancia, ni siquiera el chocolate que suele ser al que más se recurre en ausencia. Quizá, la toma de conciencia con respecto a lo importante de la lactancia materna, razón por la cual existen tantas campañas al respecto, es un buen punto a considerar para el futuro de generaciones más sanas. Y a nosotras que ya estamos grandecitas, nos toca cuidarnos, como quien cuida de un bebé, y entender que si no tenemos a quien besar por ahora y entiéndase que, por ahora, significa exactamente eso, la absoluta certeza de que siempre es un buen momento para estar abiertas a la posibilidad de un nuevo amor, si no, fíjense en la Duquesa de Alba, que con más de ochenta años se caso por cuarta vez, seguramente con quien mantuvo una relación más calmada en cuanto a las pasiones, pero que con quien se besó y liberó oxitocina por montones, ante los ojos envidiosos de muchas…

Cuidarnos es una mirada adulta, madura, de nosotras mismas, perdonando y perdonándonos y reconociendo que tenemos un mundo de experiencias para compartir y las ganas de besar incólumes, igualitas a las que teníamos en nuestros primeros escarceos amorosos. Y si te estás preguntando: ¿Y ahora, con quien me doy los besos? , respóndete a ti misma: Con el próximo mi niña, ¡con el próximo!

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