PASEOS A LA PLAYA COMO TERAPIA DE SALUD PARA NUESTROS HIJOS

Las vacaciones familiares en la playa, en un principio, fueron tomadas como recomendación del pediatra de nuestros cuatro hijos para eliminar los procesos continuos de alergias y resfriados. Esto nos llevó a la compra de una casa en la playa, junto con otras familias con hijos en edades contemporáneas.

Así fueron pasando los años, hasta que justo para un 8 de septiembre,  día de la celebración de la Virgen del Valle, nos encontrábamos en el inicio de una aventura extrema, de camping en un islote correspondiente a Los Cayos en el estado Falcón de Venezuela. Nuestro grupo estaba conformado por 7 adultos, 7 niños y tres vehículos. La planificación tomo varios meses, como  misión,  debíamos garantizar seguridad y comodidad absoluta o lo más cercano a la normalidad, para convencer a mí esposo. Elaboramos todo un manual de procedimiento que incluía la asignación de grupos de trabajo, que fueron sorteados, para distribuir las tareas y poder disfrutar  equitativamente de las diversiones propias de la playa.

Cuando llegamos al puerto, fuimos notificados por las autoridades costeras, que el pronóstico de tiempo anunciaba una tormenta casi tornado,  lo que nos obligó a seleccionar la isla más cercana, Cayo Sal, para facilitar las labores de rescate en caso de ser necesario. Con manual en mano,  y agradecidos por estar cumpliendo un sueño,  procedimos a la instalacion de tiendas de campaña,  a comer según lo indicaba el menú del día, a disfrutar del mar y arena. En la noche antes de dormir tuvimos un gran espectáculo de fuegos artificiales, por la celebración llevada a cabo en el pueblo.

Al día siguiente, por la tarde, el cielo se veía cada vez más gris, lo que indicaba que una tormenta se avecinaba, mi optimismo inquebrantable, con oraciones en silencio, decía en voz alta que solo se trataba de una nube pasajera. Hasta cuando llegaron a la isla las  autoridades costeras, para dar instrucciones de desalojo lo más rápido posible, indicando que faltaba poco tiempo para llegar una tormenta tropical. Así que bajo una fuerte lluvia y fuertes vientos, levantamos nuestro campamento en un abrir y cerrar de ojos, actuando todos como un gran equipo, sin reproches y con gran compañerismo.

¿Adivinan en donde terminamos la semana? Si, eso es correcto, después de organizar todo dentro de nuestros carros, tomamos la carretera, durante unas 5 horas, pues la tormenta, sin llegar a ser tornado, impedía la visibilidad, hasta llegar a nuestra amada casa de Adicora,  allí en el patio se instalaron unas tiendas de campaña para los que quisieron seguir la aventura mientras otros cómodamente lo hicimos dentro de la casa bajo techo seguro.

Cuento de la vida real
Marta Ribon de Olmedillo
Ing. en Computación
Madre de 4 y abuela de 10
IG: @marta.creandohistorias

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